México debe superar el modelo de mano de obra barata para impulsar su crecimiento económico

La Confederación de Trabajadores de México (CTM) se prepara para asumir un nuevo rol en el panorama laboral del país, dejando atrás la etapa de confrontación para convertirse en un actor propositivo. Así lo anunció su secretario general, Tereso Medina Ramírez, quien aseguró que la organización priorizará la defensa de los derechos laborales en la renegociación del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), un acuerdo que, en su versión original, dejó fuera la voz de los trabajadores.

“En esta nueva etapa, los sindicatos deben hacer escuchar su postura. No podemos permitir que se repitan los errores del pasado, cuando los intereses de los trabajadores quedaron relegados”, advirtió Medina Ramírez. Su llamado se centra en la necesidad de sindicalizar alrededor de 130 mil contratos colectivos que, según él, quedaron “huérfanos” tras la implementación del tratado. En lugar de enfrascarse en disputas por la titularidad de los sindicatos —una práctica que, a su juicio, solo genera desconfianza entre los empleados—, la CTM buscará ampliar su membresía con estrategias que beneficien directamente a las familias mexicanas.

“Detrás de cada trabajador hay una familia, y detrás de cada familia, una esperanza”, subrayó el líder cetemista, quien también descartó cualquier intención de buscar la reelección al término de su mandato en 2032. “Me iré de pie, como llegué de pie”, afirmó, en una clara alusión a su compromiso de no aferrarse al poder, un contraste con la tradición de algunos de sus antecesores en la central obrera.

La historia de la CTM está marcada por figuras que, como Joaquín Gamboa Pascoe, mantuvieron su liderazgo hasta el final de sus días. Gamboa, quien falleció en enero de 2016 a los 93 años, había sido reelegido meses antes, a pesar de su avanzada edad. Su legado incluía una vida de lujos: viajes de cacería a África, una colección de animales disecados en su residencia del Pedregal y una flota de automóviles de alta gama. Su muerte abrió paso a Carlos Humberto Aceves del Olmo, quien asumió el cargo en un contexto complejo, marcado por el ascenso de Andrés Manuel López Obrador y las reformas laborales que, junto con el T-MEC, debilitaron el monopolio sindical que la CTM había ejercido durante décadas.

El nuevo tratado comercial, en particular, impulsó la creación de sindicatos independientes, restando influencia a la central obrera. Este escenario obligó a la organización a replantear su estrategia, pasando de una postura de control a una de adaptación. Medina Ramírez insiste en que el futuro de la CTM no depende de mantener el poder a toda costa, sino de recuperar la confianza de los trabajadores, especialmente en un momento en que la industria mexicana —como la de Tijuana— vive un auge con inversiones millonarias, como los 2 mil millones de dólares destinados a modernizar subestaciones eléctricas para impulsar la llegada de nuevas fábricas.

El desafío, sin embargo, es mayúsculo. La CTM debe demostrar que puede ser un aliado efectivo para los empleados, en un entorno donde la competencia sindical y las demandas de transparencia exigen mayor apertura. Si logra consolidar su papel como un organismo de propuestas —y no solo de protestas—, podría recuperar parte del terreno perdido. Pero el tiempo dirá si esta transformación es suficiente para reconectar con una base trabajadora cada vez más diversa y exigente.

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