Robert De Niro ha vuelto a alzar la voz contra Donald Trump con una contundencia que no deja lugar a dudas sobre su postura. En sus declaraciones más recientes, el legendario actor no escatimó en calificativos al referirse al expresidente de Estados Unidos, a quien llamó sin rodeos “idiota”. Con un tono cargado de indignación, De Niro dejó claro que su lucha no es solo personal, sino un llamado a recuperar lo que, en su opinión, representa la esencia de su país: “Este es nuestro país. Quiero recuperarlo”.
El ganador de dos premios Óscar no se limita a criticar desde la comodidad de las redes sociales o los eventos privados. Su activismo va más allá de las palabras. El año pasado, se unió a las masivas protestas que inundaron las calles de varias ciudades estadounidenses bajo el lema *No Kings* (Sin Reyes), un movimiento que buscaba desafiar lo que muchos consideran un estilo de gobierno autoritario y alejado de los valores democráticos. Para De Niro, la resistencia no es solo política, sino también cultural. En su discurso, denunció con firmeza los intentos de Trump por controlar instituciones clave, como el Kennedy Center, al que se refirió como “una de nuestras principales instituciones culturales”. El actor criticó duramente que un “presidente filisteo” —como lo llamó— se autoproclamara su director, mientras impulsaba recortes drásticos a la financiación de las artes, las humanidades y la educación.
Pero las críticas de De Niro no se detuvieron ahí. Con ironía y preocupación, advirtió sobre una medida que, de implementarse, habría tenido un impacto devastador en la industria cinematográfica: un arancel del 100% a las películas producidas fuera de Estados Unidos. Para un hombre que ha dedicado su vida al cine, esta propuesta no solo era absurda, sino un ataque directo a la creatividad y la diversidad cultural. “El arte es una amenaza para quienes no entienden su poder”, afirmó, subrayando que las expresiones artísticas son un pilar fundamental para una sociedad libre y crítica.
Lo que más resalta en las palabras de De Niro es su convicción de que la resistencia no es solo tarea de unos pocos, sino un deber colectivo. “Nosotros también somos estadounidenses”, insistió, como si quisiera recordar que el país no pertenece a un solo hombre ni a una sola ideología. Su mensaje es claro: la empatía, la bondad y el respeto por la diversidad son valores que deben defenderse con firmeza, especialmente en tiempos de polarización. Y aunque sus declaraciones puedan sonar duras, reflejan una preocupación genuina por el rumbo que ha tomado su nación.
No es la primera vez que De Niro se pronuncia con tanta vehemencia. Desde antes de que Trump llegara al poder, el actor ha sido uno de sus críticos más visibles, utilizando su plataforma para denunciar lo que considera un peligro para la democracia. Su postura no es aislada: forma parte de un sector de la industria del entretenimiento que ha visto en Trump un símbolo de divisiones que, según ellos, amenazan con fracturar el tejido social. Para De Niro, el arte y la cultura no son simples entretenimientos, sino herramientas esenciales para mantener viva la conciencia colectiva.
En un momento en que las voces políticas suelen ahogarse en el ruido de las redes sociales, figuras como De Niro demuestran que el activismo puede —y debe— trascender los discursos. Su llamado a la acción no es solo retórico: es un recordatorio de que la lucha por los valores democráticos requiere participación, valentía y, sobre todo, la convicción de que otro mundo es posible. Mientras Trump siga siendo una figura influyente en la política estadounidense, es probable que De Niro continúe alzando la voz, porque para él, el silencio no es una opción.
























































































































































































































































